MAX THOMET ISLA, INGENIERO AGRÓNOMO Y SOCIO DE ONG CETSUR, REFLEXIONA SOBRE EL TRABAJO DE LA ORGANIZACIÓN DESDE EL DIÁLOGO DE SABERES

Max Thomet, Ingeniero Agrónomo y socio de ONG CETSUR desde el año 2001, reflexionó sobre el diálogo de saberes, enfoque de trabajo que forma parte de la esencia de la organización, y los aportes realizados desde su fundación el 11 de diciembre del año 2000, en el marco de las acciones implementadas para la construcción de localidades sustentables en el sur de Chile.

Desde tu vinculación con ONG CETSUR y con parte importante de su trayectoria: ¿Cómo describes el enfoque de diálogo de saberes y cómo percibes que ha influido en nuestro quehacer y vigencia del trabajo?

El diálogo de saberes es importante definirlo como enfoque y no como una metodología o una técnica de intervención. Al definirse como enfoque nos obliga a conocer, interpretar y tratar de dialogar conceptualmente con los sistemas de conocimiento existentes en el mundo campesino e indígena.

CETSUR desde su fundación, adscribe en su declaración de principios al pluralismo epistemológico expresado en el diálogo de saberes como enfoque de trabajo. Esta definición nos colocó un desafío de desaprender las formas como se aprende y se crea conocimiento, enfoques que la ciencia ha promovido agresivamente como una única forma o única verdad de acercamiento a la naturaleza, especialmente desde las ciencias naturales. El método científico no es la única forma de lograr conocimiento. En ese sentido, los paradigmas rígidos no le permiten avanzar al conocimiento, lo encierran en un marco teórico del cual no se puede salir por el riesgo a perder de vista la teoría base que sustenta nuestra acción. Mientras que los paradigmas permeables o maleables admiten la posibilidad de otros imaginarios, de otros saberes. Enrique Leff plantea ”(…) ante la crisis socioambiental y la construcción de la sustentabilidad, son otros modos de comprensión del mundo, otros imaginarios, otras cosmovisiones que están reclamando su derecho de existir en el mundo, de estar, con la misma legitimidad de la ciencia, obligando a esta última a moderarse, a tener conciencia epistemológica social sobre sus límites.”

En sus inicios, el diálogo de saberes se planteó como una metodología de trabajo en torno a las formas de conservación de la biodiversidad por comunidades campesinas, especialmente en torno al uso de plantas medicinales y manejo de semillas. Sin embargo, la reflexión constante en torno al trabajo realizado nos llevó a darle un carácter de enfoque, requiriendo un mayor grado de complejización del trabajo. Un ejemplo muy gráfico es que tradicionalmente los profesionales de CETSUR realizaban los talleres sobre semillas, suelos, plantas medicinales etc., como relatores principales en las comunidades rurales; este nuevo enfoque de trabajo nos llevó a reconocer a las especialistas tradicionales, curadoras, artesanas, siendo ellas las protagonistas de compartir un saber o conocimiento sobre las formas de trabajo en semillas, plantas, artesanías, complementándolo con ciertas técnicas o enfoques amigables de las ciencias naturales.

¿Cómo se expresó en los programas formativos?

El enfoque de diálogo de saberes presenta una dificultad, que se expresa en el plano práctico de la formación, entonces, siempre se debía estar respondiendo la pregunta sobre ¿Cuáles son las metodologías apropiadas en un espacio de aprendizaje intercultural? Donde la oralidad, la identidad y el contexto definían un saber hacer de una pertinencia que no era replicable.

En estos casos se trabajó con criterios generales, como la definición de ciertos ciclos sugeridos por las/os maestras/os de oficio como “cronograma” de trabajo, pudiendo ser estos el ciclo productivo de una planta o animal o un ciclo estacional, dependiendo del oficio. Para organizar un programa formativo de estas características, es relevante la experiencia del moderador/coordinador de talleres para establecer los puentes de diálogo entre la/el Maestra/o de oficio con las/os aprendices y las/os especialistas técnicos.

El coordinador de los programas de formación debía conocer la realidad local y el rol de las/os Maestras de oficios en su territorio, comprender los objetivos del plan formativo y manejar herramientas metodológicas de la pedagogía crítica. No era solo aprender a hacer, sino también hacer para trasformar la realidad, donde el sentido ético y político eran fundamentales en el desarrollo del oficio. Por ejemplo, en el oficio de la curatoría de semillas se esperaba que un/a aprendiz no solo debía identificar las variedades de semillas, sus formas de conservación o de reproducción, sino también, en el diálogo con las Maestras, debía comprender su rol en el sistema alimentario local y global, las luchas en torno al control de las semillas, el sentido valórico y estratégico de un intercambio de semillas, etc. En esta complejidad, el coordinador, al igual que un director de orquesta, podía ser o no especialista en la materia, pero sí debía tener una comprensión sistémica del oficio.

¿Lo ves presente en el trabajo actual de las instituciones en Chile?

Sin duda que debe haber algunos grupos o personas que realizan un trabajo desde este enfoque, sin embargo, es la excepción a la regla. Hoy están muy centralizadas las decisiones y hay poco espacio para generar nuevas formas de trabajo. Hay un estancamiento, las organizaciones de la sociedad civil fueron pioneras en muchas formas de trabajo muy innovadoras, “algo de combustible” queda actualmente de esos procesos. Muchas organizaciones sociales han tomado estos enfoques de trabajo, pero se ven presionadas por los mandatos de proyectos a generar acciones muy prácticas, sin mucha reflexión y ajustados a los contratos de quien otorga los financiamientos.

En estos 20 años de existencia de la organización ¿Cuál crees que es el aporte más significativo que hemos hecho a la sociedad ?

Desde mi perspectiva, ha sido la revalorización y fortalecimiento de las/os especialistas tradicionales, claves en el tejido de conservación y producción de semillas, plantas y alimentos. Este posicionamiento no solo fue relevante con las comunidades y organizaciones donde se realizó el trabajo, sino que también tomó un rol activo políticamente, siendo parte del discurso de los movimientos sociales por la conservación de las semillas y la lucha contra los OGM (1). Y, en el plano social y cultural, se transformó en un proceso emblemático en la recuperación de los saberes patrimoniales. Esto lo destaco porque otros procesos institucionales de igual relevancia formaron parte de un proceso mayor con otras organizaciones y redes institucionales, donde CETSUR fue un actor más. Ejemplo de ellos son los procesos de agroecología, huertos urbanos, redes de economía solidaria etc. Sin embargo, el trabajo con especialistas tradicionales fue referente único por mucho tiempo.

(1) OGM: Organismos Genéticamente Modificados